Para las Hermanas Sopeña en los 15 años de su regreso a Cuba

La primera vez que oímos hablar de ustedes y compartimos su trabajo, nos preguntábamos qué carisma tan genial las envolvía; tanta energía, entusiasmo, deseos de hacer y esa ternura inexplicable, solo podían ser un regalo divino.

Dolores Sopeña, “la que nunca descanso”, quién era esa mujer que con su testimonio de vida, arrastraba a otras tantas a seguir su ejemplo. Eran tantas las dudas de entonces, y éramos tan pequeños…

Pasaron los años 1, 2, 3…, hoy suman 15 y las Catequistas Sopeña siguen ahí, en el momento de la risa, del llano, extendiendo sus manos laboriosas, creando principios y convicciones, forjando los misioneros del hoy y del mañana, enseñándonos que ni la fe ni el amor a Dios pueden partir jamás.

Y, qué feliz coincidencia iniciar su labor de amor en el día del amor [14 de febrero]. Si tuviéramos que definir su misión, diríamos que son manifestación perfecta del amor de Dios, puro afecto, cariño entrañable, misterio insondable, empeño en “ir hasta los rincones más apartados de la tierra enseñando a conocer y amar a Dios”, y así van por Guamá, Baconao y cada una de nuestras comunidades.

¿Que si las queremos?... No existen palabras. Nos vienen a la mente ahora el recuerdo de nuestros sacramentos, campamentos misioneros, retiros; el recuerdo de Eloísa, Noemí, Ana y Paty con quienes dimos los primeros pasos; nos quedan Martha, Asunción y Mary Carmen, la pequeña veterana, que nos sigue guiando y tantas otras que ocasionalmente nos visitan y que también dejan su huella en nosotros.

Conocerlas es un regalo especial, revelador de su esencia catequética, misionera, formadora y guía.

Entendemos también que somos espejos suyos, que daríamos todo por agradecer tanto amor en cada minuto, en cada conversación, que las queremos tanto como a nuestras madres y que cualquiera no puede educar.

Desde entonces sabemos que todos los días pueden ser suyos porque día tras día trabajan para “hacer de todos una sola familia en Cristo Jesús”.

Solo nos queda alentarlas, apoyarlas y decirles: Mil gracias por estar aquí, por hacernos saber siempre que somos importantes para ustedes, hoy les devolvemos la frase: ustedes también son muy importantes para nosotros.

Con amor infinito,

Jóvenes de Santiago de Cuba

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